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Las mujeres emprendedoras ganan posiciones en el mercado

Casi el 30% de las empresas españolas son creadas por mujeres. El control de su vida profesional y personal les empuja a convertirse en empresarias. Valentía, iniciativa y perseverancia para sacar adelante un proyecto son los rasgos que definen a la mujer emprendedora española.

"La identidad pública de una mujer es su marido, y la privada, sus hijos". Esta frase de la escritora inglesa Virginia Woolf, que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX, sería impronunciable en este siglo y menos en un país como España donde la presencia de la mujer en cualquier ámbito, y en especial el empresarial, es cada vez mayor. Cabe señalar, sin embargo, que aunque son muchas las féminas que crean sus propias empresas –en 2006, llevaron a cabo un tercio de la actividad emprendedora– apenas son dos o tres los nombres de las que se convierten en grandes empresarias. Sirvan como ejemplo las hermanas Koplowitz o Rosalía Mera, ex mujer de Amancio Ortega.

La emprendedora española tiene entre 35 y 40 años, uno o dos empleos anteriores, pareja e hijos, y unos ingresos de entre 1.500 y 1.800 euros. Su empresa –en el 55% ó 60% de los casos– no sobrevive a los tres años y medio. La falta de experiencia, de recursos y de conocimientos tecnológicos son las principales razones que explican el fracaso de muchas empresarias. Su mayor aversión al riesgo, la percepción de que existen menos oportunidades para crear empresas –porque, en general, la sociedad espera de ellas otro tipo de roles– y la autoevaluación de sus propias habilidades son las características que las diferencian de los emprendedores masculinos. Su gran miedo es un posible fracaso y el rechazo social que eso lleva consigo.

El profesor de EADA, Carlos Emilio Morales, afirma que "el papel de las mujeres en la actividad emprendedora aumenta lentamente, pero las prestaciones sociales no parecen seguir la misma tendencia". La mujer emprendedora ideal "debe ser valiente, con mucha iniciativa, perseverancia, tenacidad y voluntad para sacar adelante el proyecto. Consideran básico tener ilusión por la idea y disposición para hacer realidad su sueño profesional con energía, así como paciencia para aceptar los reveses sin perder la esperanza", afirma Morales en un estudio realizado junto a la investigadora Mariona Serrat.

Necesidad de libertad
En España, al igual que en otros países, las mujeres –frente a los hombres– crean empresas para adquirir un mayor grado de control sobre su vida, su tiempo, su trabajo o su lugar de residencia. "La mayoría no están contentas con sus carreras; la inconformidad es la principal razón para emprender, pero también la necesidad de libertad e independencia y la satisfacción personal", dice Morales. "Además, son menos propensas a buscar financiación externa –invierten su propio capital– precisamente porque deciden ser emprendedoras para adquirir un cierto control sobre su vida profesional", añade.

En cuanto al estilo de dirección, las mujeres emprendedoras tienden a ser más colaborativas que los hombres, incluyendo aquellas situaciones en las que tienen que recibir sugerencias de sus empleados. Para ellos, la cualidad más importante para crear una empresa es la confianza en uno mismo; para ellas la persistencia.

El principal problema que afrontan las mujeres es la inversión inicial, seguida de la introducción en el mercado, la atracción de clientes y llegar a ser una firma conocida. Los demás problemas están relacionados con las instituciones públicas y los apoyos que ofrecen.

Conciliación
Gestionar las demandas de trabajo y de la familia constituye un reto continuo. Diversos estudios empíricos demuestran que las mujeres viven más conflictos entre trabajo y familia que los hombres, y que ellas tienen una mayor motivación para equilibrar ambas facetas. "Dado que se definen socialmente como cuidadoras de la familia, tienen más probabilidades que los hombres de sufrir fuertes sanciones negativas por no cumplir este rol", afirma Morales.

Tras la ayuda de la pareja, los apoyos más habituales proceden de la familia o de la ayuda externa. La principal desventaja de ser empresarias es la cantidad de horas que deben trabajar: "Esto podría parecer contradictorio, dado que algunas de ellas decidieron hacerse empresarias para tener más flexibilidad y armonizar mejor la vida familiar y profesional", explica el profesor de EADA en su estudio La mujer emprendora en España: los retos de conciliar la vida profesional y familiar, en el que se realizaron entrevistas en profundidad a jóvenes emprendedoras. Argumentan que, pese a dedicar más tiempo al trabajo que antes, los horarios flexibles les permiten elegir qué hacer y cuándo, de modo que cuentan con más libertad.

A la pregunta de si la mujer española ha roto ya el techo de cristal, la mayoría responde con un "no" tajante. Algunas afirman que la situación está mejorando, pero aún queda mucho por hacer para alcanzar la igualdad. El paso más importante es un cambio de mentalidad. "La cultura y la sociedad españolas deberían abandonar la ideología de la estructura familiar tradicional con igualdad de oportunidades para hombres y mujeres", aseguran. Creen que la respuesta está en dar a las generaciones futuras la educación adecuada basada en la igualdad en todos los sentidos.

El estudio concluye que "la situación está cambiando lentamente, y algunas entrevistadas son la prueba de que está surgiendo una nueva generación con una mentalidad fresca basada en la igualdad de género". Ser una mujer emprendedora implica una mezcla de demandas y costes. Deben renunciar a tiempo personal y afrontar la incertidumbre, la inestabilidad económica y el coste emocional. Todas las entrevistadas afirman que la experiencia de ser empresarias compensa los sacrificios.
 
Fuente: Expansión y Empleo
 
 
 
 
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